Correa asumió la presidencia en 2007, cuando el país había rebotado ya de la grave crisis financiera que sufrió en 1999 y se beneficiaba de la certidumbre que otorgaba el uso del dólar, una medida adoptada como último recurso por el hundimiento del sucre.
El presidente, un economista de izquierda, liberó fondos para la expansión del papel del Estado con una suspensión de pagos de parte de su deuda en 2008, que redujo los desembolsos por intereses.
Esa medida le cerró las puertas a los mercados internacionales de capitales, pero aun así Correa ha logrado incrementar el gasto y la inversión públicos gracias a los altos precios del petróleo, la principal exportación de Ecuador, a una recaudación récord y a la ayuda de China.
El país asiático, que está interesado en los recursos naturales de Ecuador, se ha convertido en su principal acreedor y también el principal destino de su crudo, tras desplazar a Estados Unidos.
Con el estímulo del dinero público, la economía creció un 8% en 2011 y un 5% en 2012, mientras que este año el Gobierno prevé un aumento del Producto Interno Bruto (PIB) del 3,5%.
El mensaje principal del presidente fue el continuismo, que su propio lema resumió: "Ya tenemos presidente, tenemos a Rafael", mientras que los candidatos de oposición no lograron convencer al electorado de que un cambio era necesario.

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